Never have i ever, o un teatro (im)provable

Never have i ever, o un teatro (im)provable

Es sencillo ser feliz. Lo difícil es ser sencillo.

INSTRUCCIONES

Este texto debe leerse en compañía de la playlist This is La Lupe, disponible en Spotify.

 

Pueden ser los primeros meses del año engañosos cuando nos sentamos a pensar en nuevas oportunidades, en retos u objetivos por cumplir. Cada vez que nos pega esa dependencia hacia las expectativas sociales, casualmente, se complica todo, se ve más borroso el horizonte. Por lo tanto, desde ya dejo por escrito lo inservible de tratar de encontrar en las aspiraciones de otros, las nuestras. Así empezamos, declarando la autenticidad como principal valor humano.

Cuando salí de La Habana apenas pude despedirme, no tenía perrito chino que me persiguiera o algo por el estilo, sólo tenía los recuerdos, las huellas en la piel emocional de esa experiencia efímera, acompañada de las promesas de posibles contactos futuros, de proyectos binacionales. Así transcurre también la vida de este personaje Petra von Kant, esta mujer que me inspira a escribir hoy.

Esta columna es sobre su involución, sobre el trayecto de esta mujer por sus muchas experiencias, por sus heridas de amor. Esta columna está escrita en febrero, para ser leída en este único mes. Porque luego será como esos proyectos postergados, realizados en la emergencia de un tiempo discontinuo, el tiempo que las adversidades de la vida disponen. Y entonces no podrá conectarse con todos sus devaneos emocionales, ya las letras de La Lupe no serán igual de hirientes, ya los golpes del filin no darán su estocada.

El grupo Teatro El Público, que dirige Carlos Díaz, en La Habana, está presentando en temporada, Las amargas lágrimas de Petra von Kant, un texto de Rainer Werner Fassbinder, autor alemán con una gran obra en cine, televisión y teatro. Esta pieza ya lleva varios años en el repertorio del grupo y periódicamente regresa a cartelera por su acogida de público y por lo oportuno de su historia, atemporal.

Si bien es cierto que la pieza remite a ciertas locaciones geográficas, su historia no necesita de un año determinado para visualizarse con más claridad. El texto es la historia de Petra von Kant, diseñadora de modas que busca el amor, y que se engaña constantemente porque no puede concebir el desengaño de la realidad que la acorrala en la soledad. Nada nuevo bajo el sol, la historia es otra vez sobre las penurias del desamor y los reclamos de alguien abandonado, pero el motivo del texto no es la obra, o la puesta, sino su resonancia.

Diez años después de su estreno, y otros tantos después de haber experimentado uno de los montajes más hermosos, aún sigo recordando muchos de los instantes que el director siembra en nuestra mente, después de conocer el sabor salado de sus lágrimas, extensión de las nuestras al mirar en el teléfono las fotos de nuestrx Karim Thimm.

Esta lectura es como si jugáramos a revivir las experiencias de un amor perdido. El texto se construye sobre los recuerdos de la puesta, del romance perdido y los amaneceres nunca vividos. A salud de ello tomo un shot. Y así sucesivamente insto a quien lee, que se tome un trago cada vez que le resulte oportuno, porque esta música de La Lupe no puede escucharse sobrio.

La dinámica de la escritura cosiste en premiar el recuerdo del imposible, así evoco un pasado en las butacas del Trianon después de lograr comprar los boletos para la obra, aquí estoy, para comparar elencos, porque lo cierto es que ya el texto y la película me son demasiado familiares. También el montaje de Carlos. La pregunta sería ¿por qué regresar a ver algo que reduce mi experiencia escénica al repaso de mis recuerdos?

El teatro es cada vez diferente, el teatro no es como el archivo digital de una película que no cambia, el teatro permanece mutando, por eso cada vez que tengo la oportunidad de re-pasar no dudo en hacerlo. En especial, para febrero se me antoja flagelarme con el recuerdo de Petra en la cama, tirada y gritando por alguien que se le escapa, se desvanece entre sus manos. Easy come, easy go. Así es la vida, por eso se escucha Qué te pedí, por eso La Lupe, no se siente tirana, traspasa el papel a Karim, y ella lo interpreta de maravilla.

El teatro de Carlos Díaz no es el tipo de obra que sólo vez en una ocasión para tener el conocimiento de saber qué pasa, cómo se representa y cuáles son las decisiones del director. Esta particular poética se fragmenta en múltiples espejitos, reflejos de muchas narraciones que pertenecen a los actores del grupo. Porque si hay algo claro en su experiencia escénica es la novedad en cada función.

Por eso hoy, sentado en mi luneta, no dejo de construir expectativas sobre los actores y cómo han modificado el registro de su interpretación. Particularmente, tengo una debilidad por encontrar “maravillas” en las salas de teatro. Así como en Petra despierta su interés al conocer a la nueva amiga de Sidonie. El montaje del texto de Fassbinder se ha cubanizado tanto que, aunque mantenga lazos relacionados con la película del mismo autor, su cuerpo expresivo demanda otras pasiones.

Recuerdo que antes de comenzar a escribir estuve revisando varios clips en la página de Facebook de Teatro El Público para refrescar mi inspiración, y nada me emocionaba tanto como las escenas entre Karim y Petra. La tormenta de emociones entre ambas supera cualquier relación tóxica imaginada. El poder de estos dos personajes que no muestran cariño alguno entre sí, y al unísono se dicen “te amo”, más que contradictorio recuerda mi historia de vida. Y por eso disfruto tanto de la pieza.

Amen de los logros en el montaje, la escenografía, las actuaciones, el diseño de luces y vestuario; las conexiones de los actores con su público mantienen la sala llena todos los fines de semana. Muchos de los ríos de tinta escritos sobre la propuesta se concentran en la transgresión del protagónico y su género, pues el director ha otorgado la interpretación a hombres y mujeres, sin embargo, considero que lo trascendente radica en cómo podemos exportar su partitura escénica, con pequeños cambios entre uno y otro actor, hacia una cierta fluidez genérica.

Por eso digo que me identifico con Petra, más allá de que sea una mujer independiente, inteligente, empoderada y voluble; porque su capacidad de mostrarse implica a muchos tras su frustración amorosa. Hoy recuerdo ese fragmento en la definición de autoficción de Sergio Blanco donde dice “yo escribo porque quiero que me quieran”, y me pregunto: ¿no es eso lo que todos queremos? ¿no es ese el móvil de Petra sobre Karim? ¿no es ese el móvil de Marlene sobre Petra?

Las amargas lágrimas de Petra von Kant es una puesta que tiene su tercera temporada en pleno 2021 porque no se pone vieja. Es un conflicto que reciclamos cada día cuando sale el sol, no podemos cansarnos de tener frente a cada uno los traumas de un personaje que nos agarra por sorpresa. Las lágrimas del personaje nos recuerdan un proceso de familiarización con la audiencia a través de un espacio de confesión.

Porque el teatro, como el cine, es un lugar en el que purgar nuestros pecados. Hay un texto de Petra que yo he compartido en mis historias de Instagram por su cercanía autobiográfica. Ella le dice a Karim “Yo no soy histérica, yo sufro.” Petra es una mujer de carne y hueso, sufre, se recupera y vuelve a sufrir, así hasta el infinito. Sus lágrimas son el extracto de juventud que mantiene a los espectadores amando las actuaciones de todos los que tienen el coraje de mostrarse frágiles. Petra no es un monolito, Petra es el recuerdo de quienes se niegan a lanzarse al abismo del amor. Y no me importa en lo más mínimo que suene cursi, porque si han seguido las instrucciones, están escuchando a La Lupe y tomando, ya nada les parecerá meloso.

La capacidad que tiene la propuesta de Carlos Díaz de comprometer a su público con El Público parte de una cercanía verbal que sus puestas construyen, de una inclusión constante en la palabra escénica de bocadillos sacados de la sabiduría popular, de las novelas, o frases musicales que se manejan en el imaginario público constantemente. No es que los actores sean diferentes, no es que Petra sea Fernando o Enmanuel, es que su constante renovación ha permitido una mutación imparable que modela una Petra cada vez más cerca de su audiencia.

El teatro no detiene su construcción de historias porque siempre tenemos algo que compartir, algunas historias duran más en el recuerdo que otras. Este juego de yo nunca nunca (never have i ever) es sólo un pretexto para emborracharse -que también, porque no se puede tapar el sol con un dedo-, es una plataforma donde cada uno compite por la vida más excitante. Qué es, sino esa serie de aventuras que construimos en la mente de los jugadores que pierden, porque no han vivido tanto como uno.

El mes de febrero se antoja esa ruleta de tragos y lágrimas, esos recuerdos que acompañan a las canciones de La Lupe. El montaje de Las amargas lágrimas de Petra von Kant que está en cartelera es el mejor regalo que puede pensarse para esta fecha, para estos días pandémicos, porque nos recuerda que sufrir es parte de la vida. El texto de Fassbinder tiene el mismo éxito de la mano del grupo porque hay grandes temas que nunca envejecen, y esos temas sólo hay que saberlos explotar.

Yo creo que nunca podré olvidar la Sidonie de Ysmercy Salomón porque es una de esas interpretaciones que se te graban en la mente para toda la vida. Comento que Sidonie es un personaje que tiene sólo dos apariciones, dos escenas, no es que comparta la presencia todo el tiempo, pero ella tenía esa capacidad de retumbar con su voz grabe todo el teatro. Las escenas compartidas con Fernando Echevarría haciendo Petra tienen ese espíritu de los viejos amores. La inestabilidad de lo certero recordado y la pasión de lo imposible convertido en imagen por la memoria.

Yo nunca nunca he dejado de pensar que soy Petra. El que lo haya hecho, que beba.

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Diego Alonso

Licenciado en Letras por la Universidad de La Habana. Cronista de su tiempo y amante del teatro y las películas de Almodóvar. Ha participado en varios Congresos internacionales con trabajos sobre teatro cubano contemporáneo, ejerciendo la crítica desde varias plataformas digitales. Actualmente cursa una Maestría en Artes Escénicas en Argentina.