Repa-triarse

Repa-triarse

Rasparse,

Triturarse,

Encontrarse.

Ellos lo saben hacer. ¿Cuánto de Repa se necesita para asumir la nueva Cuba, el nuevo hombre, la contemporaneidad de este país? ¿Cuál es la dosis?

Para muchos es una mala música. Pero desconfío de los que andan clasificando cosas, productos y personas de buenas y malas. Como si fuera tan fácil. Como si se tratara de la clasificación católica del paraíso o el infierno. Lo cierto es que el regueton es el texto que acompaña estos días y parece que los venideros. Es la apropiada narración para un país que revalúa su modelo económico y por ende su política de estado.

Nadie queda parco ante este ritmo, y lo que genera en la gran mayoría. La estética que llevan los que consumen este fenómeno influye en los no tan fans. Sin dudas la cultura Repa se cuela, se filtra, en las aulas universitarias, en los comentarios de críticos de arte, en ensayos artísticos – literarios y hasta en la inmaculada filosofía.

El núcleo que expande lo Repa usa pulóver con la imagen de los músicos en el pecho, gruesas cadenas (más de una) de un oro falso, colgando de ellas cruces, o la medalla de alguna virgen. Pantalones cagados, Jims ajustados, gorras con brillos, lentejuelas. Tatuajes, el diseño de estos varia, va desde el nombre de alguien (familiar o novia o la estrella de la tan adorada música) y tribales y rostros de mujeres y animales depredadores, leopardos, leones y tigres.

Desde los primeros videos clips la bandera de nuestro país cuelga al fondo. Hay en estas imágenes un deseo turístico. Es como si estuvieran diciendo: ¡Miren! esto es un producto netamente cubano. La ciudad de La Habana, sus ruinas y hasta la miseria son fotografiados para hacer algo hermoso, fashion, sin llegar al melodrama patético que siempre ha estado presente en toda la cultura cubana. Si se muestran un grupo de gentes, se muestra feliz, sonriente, conforme, pleno en el contexto más humilde.

Alguien me dice que estas imágenes son evasivas. Y si, puede que sí. Pareciera que la depauperación y su tristeza fueran las legitimas, las ciertas, las únicas exclusivas de una realidad que vivimos.

Creo que los videos de nuestros reguetoneros son un documento valiosísimo para futuras prácticas e interpretaciones artísticas, sociológicas, multidisciplinarias. Aun recuerdo a Baby Lores tatuarse a Fidel en el hombro en uno de sus videos clips. Ahora, después del deceso del líder revolucionario quisiera obtener estas imágenes. Después de una semana de estrenado dicho video, se presenta el encumbrado crítico de arte Rufo Caballero para hablar del audiovisual y del gesto. Ya para aquel entonces el académico asumía cierta postura Repa – juvenil – desenfadada, a favor de su lenguaje, de lo que decía. ¿O quizás esa postura no fuera natural y no era más que una maniobra para hacer efectivo sus argumentos?

Nuestros reguetoneros, los músicos más populares del presente actúan todos los fines de semana en el Liceo Artístico – Literario de Regla. ¿Sabrán ellos que ese lugar fue inaugurado por José Martí el 8 de febrero de 1879; siendo la primera vez que nuestro apóstol se dirige en público a un grupo de cubanos?

Esta tribuna que nos honra en esta noche, no ha de ser dorada jaula, donde se exhiben pájaros cantores, sino altísima de difícil acceso para la prédica de la verdad.

[Terminó reclamando] por patriotismo y civismo la unión de todos los cubanos para la lucha por la libertad de Cuba.[1]

Así dice Martí en un fragmento del discurso inaugural. Nos ha faltado comprensión. Nuestras academias han sido rígidas, muy ortodoxas. Son las universidades de Miami, y un grupo de investigadores quienes más han indagado en nuestra cultura actual.

Imagino llegará el momento que nuestros reguetoneros antes de empezar cada una de sus presentaciones en el Liceo Artístico Literario de Regla mencionen a Martí o citen fragmentos de su discurso. Vendrá el día en que podamos discernir el porqué el Che, su imagen, se vende como un souvenir de Cuba, como máxima expresión de todo un pueblo. Habrá que estar de vuelta, regresar, decir, este es mi sitio. Y ver en calma, como la guayabera, nuestra prenda nacional es más del MINREX, de diplomáticos y empresarios que del gusto nacional. O por el contrario lo usan pordioseros, mendigos, vendedores de periódicos o señores muy mal alimentados que me cambian un peso por ochenta pesetas para tomar el ómnibus. En esos dos grandes grupos se distancia lo cubano.

Escuchaba por mis audífonos a Esther Borja, en un atestado P-5 la intérprete de Ernesto Lecuona. Y lo hacía para ver que se siente al oír Siboney y percatarme de todo un grupo de cubanos tratando de llegar, solo eso, de llegar (no importa dónde). A mi lado dos amigos, uno escuchaba Yomil y el Dani, y el otro música electrónica.

Entre esas preferencia musicales se mueve el gran público de la isla incluyendo la timba. Pero hay en toda esa música un deseo por no enfrentar nada, por no denunciar nada.

¿Qué postura política asumen nuestros reguetoneros?

Creo que la respuesta se hace evidente en los flayers que reparten y en sus afiches. Cuando vemos a los jóvenes músicos a veces con sus pechos desnudos en un primerísimo plano a contrapicado, alzándose como una figura divina que me recuerda por momentos el Sagrado Corazón de Jesús, que veía de niño cuando se reunía toda la familia alrededor de la mesa de comedor. No tiene otro objetivo que no sea convertirnos en sus adeptos. Quieren sencillamente que lo amen.

 

He preguntando a tantas personas por el ave nacional, si alguna vez han visto al Tocororo. Y todos responden ¡NO! Solo en el libro de primer grado, cuando aprendíamos a leer y a escribir, allí aparece una ilustración que para colmo es una acuarela, o sea que hay muchos cubanos que no han visto ni por fotos el Ave Nacional. Su nombre proviene de su canto que, más que un canto es un sonido percutivo to—co –ro – ro, to –co—ro—ro.

 

Se sabe que el danzón es nuestro baile nacional. Una falacia.

¿Qué nos identifica como cubanos en pleno siglo veintiuno? Habrá que repatriarse, regenerarse, reconstruirse, recomponerse, rearmarse, repartirse. No pierdo la esperanza de ver el monumento a la música popular cubana. A los tantos y tantos años que ella ha acompañado el devenir de nuestra historia.

 

Sor Juan Inés de la Cruz en pleno siglo XVI diría “¿Cómo entender Esto sin música?”. Yo parafraseando a la ilustre mexicana afirmaría: Como ella (la música) ha entendido todo esto…

 

 

 

[1] Fragmentos del discurso pronunciado en la inauguración del Liceo de Regla, el 8 de febrero de 1879. (texto en formato digital)

 

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